Ingresé al periodismo en el fatídico 1995, a una edad en que muchos ya se están retirando, con la intencion de desfogar un anhelo existencial nacido varios años atrás. En los primeros meses mis escritos -de alguna manera tengo que llamarlos- fueron sobre temas del momento y de interés general.
Sin embargo, y en virtud de haber deambulado por la banca desempeñando diversos puestos ejecutivos, en la época en la que los funcionarios si funcionaban, pronto se me encomendó abordar temas financieros, dado que los bancos y banqueros de la noche a la mañana se convirtieron en los villanos preferidos de sirios y troyanos. Título que por otra parte, se habían ganado a pulso.